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Fútbol: La relación JUGADOR-ENTRENADOR

  • Rafa Ruiz
  • 27 feb 2019
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 7 mar 2019


DOS VECINOS DE BALCÓN…

Nos toca afrontar una nueva realidad. Se nos vende desde el fútbol profesional la “nueva figura” del entrenador moderno que cada vez pierde más fuerza dentro del vestuario. Son continuos los enfrentamientos y discusiones, en los clubes “grandes”, con más notoriedad; entre los entrenadores y sus “estrellas”. Es algo a lo que ha dado pie el propio fútbol. Según mi parecer son varias las razones:

En primer lugar, la llegada de magnates multimillonarios que no saben de gestión futbolística y entregan al jugador un papel en el club que no corresponde con la esencia del fútbol.

En segundo lugar, es inconcebible que un jugador pueda tener un salario cuatro o cinco veces superior a su “jefe de vestuario”, y en algunos casos esta diferencia es aún más abismal.

En tercer, y último lugar, el ninguneo constante de muchos sectores de la prensa deportiva hacia la figura del entrenador.

Por tanto, está bien visto que el entrenador permita a las estrellas que actúen con libertad absoluta, y claro está el futuro del mismo dependerá de la gestión de su vestuario, pero nunca a cualquier precio. Tener empatía con los jugadores es una virtud, “permitirlo todo” es un defecto. El cómo se consigue el éxito debería seguir prevaleciendo sobre el éxito conseguido, al menos esa es mi visión del fútbol y la vida; no todo vale.

Para definir la relación ideal del jugador-entrenador usaría el símil de “dos vecinos de balcón”, al menos creo así fue un día, y para mí así debía ser siempre. Dos vecinos de balcón se sientan juntos, aunque separados por una distancia insalvable, sin embargo comparten momentos. Conversan, ríen, dialogan, incluso pueden tomar una copa juntos, aunque siempre con esa distancia que los separa. Después cada uno vuelve dentro, a su casa. En ella cada uno tiene un día a día y una misión diferente por cumplir, los quehaceres del uno son diferentes a los del otro. Y por supuesto, ninguno tiene el derecho de invadir el balcón vecino y traspasar esa distancia. De hecho, de intentar hacerlo lo lógico sería caer al vacío y… Situación muy diferente es que un día seas invitado a la mesa del vecino, entonces sí puedes sentarte, al menos durante un tiempo en el “otro balcón”, aunque finalmente volverás al tuyo. Repito, así debería ser esta relación; de no serlo, estamos acabando con el mismo fútbol…

Espero les sirva para reflexionar, y volver a sentaros en el balcón junto al vecino para compartir momentos; si son momentos felices para ambos, mucho mejor.




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